Jugar para mantener la mente: qué sabemos sobre el impacto de los videojuegos en el envejecimiento cerebral

enero 2, 2026

Jugar para mantener la mente: qué sabemos sobre el impacto de los videojuegos en el envejecimiento cerebral

Resumen y hallazgos clave

Un estudio reciente publicado en Nature y dirigido por Carlos Coronel-Oliveros compara la salud de las conexiones neuronales con la edad cronológica —el denominado «reloj cerebral»— y encuentra que jugadores expertos en títulos de estrategia en tiempo real, como StarCraft II, muestran una estructura mental más resistente al envejecimiento. En términos agregados, el cerebro de estos jugadores presenta una agilidad equivalente a la de alguien aproximadamente cuatro años más joven según estimaciones basadas en modelos de neuroimagen (el llamado Brain Age Gap, BAG).

Los investigadores combinaron resonancias magnéticas funcionales con técnicas de whole-brain modeling y algoritmos de aprendizaje automático para detectar patrones en la conectividad cerebral. Señalan una integración más eficiente en hubs frontoparietales —regiones vinculadas a la atención y funciones ejecutivas— y cambios en la densidad de materia gris en zonas relacionadas con coordinación, atención y toma de decisiones rápidas. Estudios previos en Scientific Reports, Translational Psychiatry y PLOS ONE han documentado hallazgos compatibles: mejoras en filtros visuales y en la capacidad para ignorar estímulos irrelevantes.

Por qué importa: contexto y antecedentes

La idea de que el entrenamiento cognitivo puede mitigar el declive ligado a la edad lleva décadas en la agenda de la neurociencia y la salud pública. Tradicionalmente, ejercicios como sudokus o programas de «brain training» han ofrecido resultados modestos y, en muchos casos, limitados al propio ejercicio entrenado. Los videojuegos introducen una variable diferente: entornos ricos, dinámicos y temporalmente exigentes que combinan atención sostenida, control de impulsos, planificación y multitarea.

La relevancia social y sanitaria de estos hallazgos es alta por dos motivos. Primero, el envejecimiento poblacional convierte cualquier intervención que preserve la función cognitiva en una prioridad. Segundo, los videojuegos son una actividad altamente accesible y culturalmente integrada, lo que facilita su uso como herramienta potencial de intervención si se confirma su eficacia causal y su seguridad.

Métodos, límites y evidencia: qué pueden (y no pueden) decir los estudios actuales

El estudio de Coronel-Oliveros utiliza modelos complejos de neuroimagen y aprendizaje automático para estimar la «edad cerebral». Estas metodologías permiten detectar correlaciones sutiles en la conectividad entre regiones cerebrales y relacionarlas con variables demográficas y conductuales.

La mayoría de estos estudios son correlacionales: no permiten afirmar con certeza si jugar transforma el cerebro o si determinados perfiles cerebrales ya «ágiles» son más proclives a disfrutar de los videojuegos.

Implicaciones metodológicas clave:

  • Correlación vs. causalidad: muchos trabajos observacionales no distinguen si el juego produce el cambio o si personas con mejores capacidades cognitivas eligen jugar más.
  • Heterogeneidad de estudios: los efectos difieren según edad, tipo de juego, intensidad y contexto vital.
  • Transferencia lejana cuestionada: aunque hay evidencia de mejoras en tareas no relacionadas con el juego, la magnitud y duración de esa transferencia siguen siendo discutidas en la literatura.
  • Necesidad de ensayos aleatorizados y longitudinales con medidas conductuales y neurofisiológicas múltiples para establecer causalidad y dosis-efecto.

Análisis experto y recomendaciones para profesionales

Para investigadores y clínicos interesados en explorar o aplicar videojuegos como herramienta cognitiva, conviene considerar una serie de prácticas basadas en la evidencia actual y en buenas prácticas metodológicas:

  • Diseño experimental riguroso: priorizar ensayos aleatorizados controlados con preregistro, grupos activos de control y seguimiento a medio-largo plazo para evaluar persistencia de efectos.
  • Medidas multimodales: combinar neuroimagen funcional, estructural y medidas conductuales estandarizadas para describir cambios y su posible mecanismo (por ejemplo, plasticidad sináptica, reorganización de redes).
  • Selección del estímulo: centrar intervenciones en géneros que han mostrado efectos más robustos (juegos de acción y estrategia en tiempo real) y mantener el desafío adaptativo para evitar la automatización.
  • Individualización: adaptar la dificultad y el tipo de tarea a perfiles basales; no todos los cerebros responden igual y la motivación es un moderador importante.
  • Combinación con otras intervenciones: integrar ejercicio físico, sueño de calidad y nutrición, que tienen evidencia sólida para preservar la cognición y podrían interactuar sinérgicamente con el entrenamiento digital.

Riesgos, implicaciones sociales y recomendaciones prácticas

La evidencia sugiere potenciales beneficios, pero también existen riesgos y condiciones que deben gestionarse:

  • Riesgo de uso excesivo: la exposición prolongada puede inducir fatiga cognitiva, trastornos del sueño y, en casos extremos, comportamientos compulsivos. La OMS reconoce el trastorno por videojuegos como una condición cuando el uso es compulsivo y dañino.
  • Calidad del tiempo de juego: no todos los juegos aportan el mismo estímulo. Juegos repetitivos sin desafío no promueven plasticidad; la presión temporal y la necesidad de resolver situaciones nuevas parecen ingredientes esenciales.
  • Desigualdad en el acceso: las ventajas potenciales dependen del acceso a hardware, tiempo y alfabetización digital, lo que puede ampliar brechas sociales si se usan como intervención pública sin medidas de equidad.

Recomendaciones prácticas para usuarios y cuidadores:

  • Mantener una práctica equilibrada: horarios establecidos, pausas regulares y limitar juego próximo a la hora de dormir para evitar interferencias con el sueño.
  • Elegir juegos que mantengan el desafío: preferir títulos que requieran toma de decisiones rápidas, planificación y multitarea, y ajustar la dificultad para evitar la automatización.
  • Vigilar signos de uso problemático: pérdida de control, deterioro en áreas sociales o laborales, y buscar ayuda profesional si aparecen patrones compulsivos.
  • Combinar con hábitos saludables: ejercicio físico regular, interacción social y actividades cognitivas variadas (lectura, aprendizajes nuevos) para maximizar la reserva cognitiva.

Casos comparables y perspectiva poblacional

La literatura acumulada en neurociencia cognitiva muestra convergencia en algunos puntos: entrenamientos exigentes pueden modificar redes atencionales y perceptivas; la materia gris es plástica y responde al entrenamiento; y la transferencia a habilidades generales es posible pero moderada. Mientras los programas de «brain training» comerciales han sido cuestionados por transferencias limitadas, los videojuegos presentan un ecosistema más complejo y naturalista que podría favorecer una plasticidad más ecológica.

Desde una perspectiva de salud pública, incorporar intervenciones basadas en videojuegos exige evaluar coste-beneficio, seguridad y accesibilidad. La investigación debe clarificar qué dosis, qué géneros y qué población se benefician más (por ejemplo, adultos de mediana edad frente a ancianos) antes de recomendar su uso escalado como política preventiva.

Conclusión

Los estudios recientes ofrecen una imagen prometedora: jugadores habituales de títulos de acción y estrategia muestran indicadores de una edad cerebral «más joven» y mejoras en redes atencionales y de procesamiento visual. Sin embargo, la evidencia actual no permite concluir inequívocamente que jugar cause esos cambios en todos los casos. Practicantes e investigadores deben priorizar diseños experimentales robustos, atención a la individualización y precauciones frente a los riesgos de uso excesivo. Para usuarios y responsables de salud, la recomendación prudente es considerar los videojuegos como una herramienta potencial dentro de un enfoque multimodal para preservar la cognición —siempre con límites de tiempo, selección cuidadosa de contenidos y medidas para proteger el sueño y la salud mental.

Source: www.xataka.com